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Colmado Parranda

Leal juramento a la tradición

¿Colmado Parranda? Palabras que suenan a antiguo, a otro siglo, a nuestros abuelos. Y también a República Dominicana, a Colombia, a Latinoamérica en general. Un colmado era aquí, y sigue siendo allí, una tienda de comestibles que exponía una oferta extensa: conservas, embutidos, vinos, arroz, aceite, leche… los precursores del chino de nuestros tiempos. El lugar donde encuentras hasta lo que no buscabas.

Y la parranda, como palabra, también se quedó anticuada en España, aunque su concepto sigue vigente y se puede rastrear su evolución idiomática: los abuelos salieron de parranda, nuestros padres se fueron de juerga, los treintañeros salimos de fiesta y los adolescentes salen de party.

Y a todas esas generaciones nos ha gustado tomar un buen vino o vermut, mientras nos gritamos y nos reímos alrededor de una mesa pequeña y, de pronto, uno hace un gesto al probar una tapa y dice: “uf, está bueno esto, ¿eh?”. Pues básicamente esto es Colmado Parranda.

Colmado Parranda

El Messi de la cena.

En profundidad, podría ostentar más categorías, de bar, de restaurante, pero sobre todas ellas, es un punto de reunión. Un lugar donde se cita un toque rural en pleno pulmón de Madrid, donde respira la calle Goya, un encuentro entre la cercanía del bar de barrio y la pulcritud de un espacio chic, o pijo, para no autocensurar lo que pensé.

Amplio, limpio, con su estilo de bodega, con acabados en madera por todas partes, Colmado Parranda acoge a los que llegan pronto al concierto en el Wizink Center y quieren hacer tiempo; y en un toque más gamberro, a los que salen después en todo lo alto y quieren celebrar euforia y amistad.

También le otorgaría la etiqueta de “descanso del peregrino”, porque asegura el éxito en la elección del turista o del madrileño que quiera hacer un alto en el camino.

Colmado Parranda

Foto autorizada de personas que hablaban francés y bebían vino.

En el segundo exacto en que vimos las servilletas de plástico, de esas que no limpian y se vuelven transparentes, y cuando nos pusieron la carta en la mesa, supimos que en Colmado Parranda entienden de códigos y de lealtades. Y no hablo de QR, justo lo contrario: carta grande, en papel, casi un mantel, a juego con la estética de anticuario. Prohibido usar la palabra vintage en un lugar tan castizo.

La carta de vinos parece corta para las botellas que adornan las estanterías. Amigos, hay que sacar la picardía española para preguntar en voz baja al camarero y ahí se descubre que hay muchos más fuera de carta. Se rumorea que tienen alrededor de 120 vinos, pero yo no he escrito esto.

La sensación con la que nos quedamos tanto mi acompañante como yo es que el mayor acierto en Colmado Parranda consiste en probar un par de vinos con otro par de tapas.

Colmado Parranda

Como correr cuesta abajo.

Hablemos, por cierto, de esas tapas. Lo primero que probamos fue un embutido, claro, con una vuelta de tuerca. Me estoy refiriendo a una cecina de wagyu, un animal originariamente japonés, que recibió la doble nacionalidad mediante el proceso bien ibérico de deshidratar la carne.

En palabras populares, sería un jamón de vaca japonesa. En gastronómicas, una delicia potenciada por el sagrado ámbar del AOVE (aceite de oliva virgen extra). Hace poco Ángel Martín decía que AOVE sonaba a dios griego y no le falta razón. También sabe a divinidad.

Al momento nos llegó a la mesa un tartar de salchichón de bellota ibérica con alcaparras, pepinillos y una mayonesa de mostaza antigua. El comensal agrega desde unas pipetas una reducción de vino tino al gusto. Este plato se nos antojó parecido a Argentina en el Mundial: el primer bocado fue confuso, algo amargo, pero después de mezclar los ingredientes, vino la gloria. A una pinchada la seguía otra, frenética. Creo que incluso nos callamos un rato y competimos silenciosamente por alzar el tenedor victorioso una vez más que el otro. Sabor fuera de lo común y adictivo.

Colmado Parranda

Lo muevo de lao´ a lao´ y a otro lao´…

En cada artículo destaco algún pequeño error a fin de dar verosimilitud y no creáis tampoco que los lugares que os recomiendo son el paraíso.

En Colmado Parranda la piedra en el camino tuvo forma de croqueta. Rellenas de bacalao, para mi gusto excedían en densidad, carecían de la cremosidad que hace tan atractivo este plato.

Sin embargo, para cada susto hay un gusto, que dice el refrán que me acabo de inventar, y es posible que haya gente a la que le gusten las croquetas más pastosas. De sabor no hubo queja, bacalao de buena calidad. Y nos comimos todas, tampoco vamos a ser hipócritas.

Otra curiosidad la supuso el bikini trufado. A priori uno piensa: “bueno, pues un sándwich, ¿qué misterio hay?” Pues si eres tan presuntuoso como lo fui yo, aparte del sándwich, te vas a tragar tus palabras.

Este bikini trufado es una canción de Rosalía, te lleva “de lado a lado y a otro lado”, inicia con la plenitud de la trufa y, cuando piensas que el sabor único va a prevalecer, te transporta hacia la laxitud del queso y todavía tiene una estación más, esta sí la final, en el retrogusto que deja el pan brioche. El jamón cocido pasa desapercibido, pero os juro que no os importará.

Colmado Parranda

Cuando veas tan borroso como el fondo de la imagen, ahí es suficiente vino.

Ah, llegamos al momento favorito de mi artículo. La recomendación obligatoria. Leedlo mientras paladeáis: carrillera de ternera en salsa elaborada a baja temperatura con patatas chips. Es exactamente como habéis imaginado, por supuesto se ha quedado como foto de portada en el artículo. Sublime. No sé ni por qué, pero escribí que era etérea, que era una imaginación.

Me desató la poesía la manera en que se deshacía la carne, me hizo sonreír la mezcla de textura, la carne suave, la patata crujiente, te vuelve hasta seductor, te da confianza en ti mismo. De verdad, si el plan solamente incluye una copa de vino y una tapa, que sea esta.

Colmado Parranda

Alegres tardes de niño.

Finalmente cerramos la velada con un postre que retrotraía a la infancia más inocente, te empujaba directamente al feliz abismo de las tardes de pan y chocolate. Además, incluía un toque salado digno de receta gourmet, por lo que Colmado Parranda unificaba de nuevo dos conceptos alejados.

Os lo dije al principio del artículo: bar, restaurante, colmado, tienda, bodega, pero, antes que todo eso, lugar de reunión. Me ratifico. En cuanto al secreto de la cantidad de vinos que yo no os he contado, haced cálculos: 120 vinos, 365 días… con dos o tres veces a la semana, los probáis todos en un año.

Datos de Interés:

Qué: Colmado Parranda, bar/restaurante de vinos y tapas

Dónde: C/ de Goya, 102 | Metro Goya (L4); O´Donnell (L6); Manuel Becerra (L2; L6) | Bus

Cómo llegar: Metro Goya (L4); O´Donnell (L6); Manuel Becerra (L2; L6) | Bus 2, 56, 71, 143, 156

Horario: Lunes-Jueves 11:00-23:30 | Viernes 11:00-01:00 | Sábado 12:00-01:00 | Domingo 12:00-17:00

Precio: aproximadamente 30 euros por persona

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